Preguntas con respuestas – (Texto completo)

ECONOMÍA Y ECONOMISTAS

1- ¿Qué es la economía?

Definiciones hay para todos los gustos. Según la primera acepción del diccionario de la RAE es la “administración eficaz y razonable de los bienes”. A quien no le interese profundizar en el asunto le bastará con retener que la economía, por mucho que los economistas la quieran adornar, es sólo una parte del derecho que regula la propiedad y los intercambios.

Leyes que regulan. La economía no es ciencia, ni magia, ni tampoco un orden natural intocable.

2.- ¿Es importante la economía?

Lo es, aunque no debiera serlo. A poca gente le interesa la economía y sin embargo, debido a su nefasto funcionamiento, está en el centro de nuestras vidas.

Hay que arreglar cuanto antes la economía para que deje de incordiar y pase al segundo plano que le corresponde.

3.- ¿Necesitamos saber economía?

La destrucción del medio ambiente es consecuencia directa del funcionamiento del sistema económico capitalista. También lo es una larga lista de penurias y desgracias que arrastran los seres humanos, la pobreza, la injusticia, la corrupción, las guerras… Además, la creciente desigualdad a nivel planetario conduce a la dictadura de un puñado de grandes ricos y al previsible colapso del sistema. Así que, si queremos entender el presente y vislumbrar el futuro, más nos vale saber algo de economía. Dicho lo cual, lo que necesitamos saber de economía son, básicamente, dos cosas:

  1. Que, nos guste o no, el capitalismo es el sistema económico que impera en el mundo y el único disponible por el momento.
  2. Que para evitar los peligrosos desequilibrios que provoca el neoliberalismo, la variante radical del capitalismo que se ha impuesto en el mundo, es vital frenar la escalada de la desigualdad. Esto sería fácil poniendo un límite a la riqueza privada. Un millón de dólares, por ejemplo.

4.- ¿Son ineptos los economistas?

Si los economistas no encuentran alternativa a un sistema que está devastando el planeta y que va camino de hundirnos a todos habría que concluir que ni la economía ni los economistas sirven para gran cosa.

Una corriente de economistas, los neoliberales, guían la política económica del mundo. No lo hacen porque su teoría y su práctica sean las mejores, sino porque sus intereses confluyen con los de los más poderosos. Los neoliberales creen que la desigualdad no es un problema. Esa ceguera (a menudo interesada) de quienes están al mando de la economía nos arrastra hacia un mundo injusto, ilógico e inviable. Muchos otros economistas son conscientes de que alentar un sistema de desigualdades crecientes es contrario a la lógica económica. Estos, aunque sean mayoría, suelen estar lejos del poder económico y político.

La economía básica enseña que la concentración excesiva de poder económico desvirtúa la libre competencia y conduce a indeseables situaciones de monopolio. Parece lógico, por tanto, establecer un límite a la riqueza personal, aunque los neoliberales que guían la economía mundial, verdaderos ineptos en gestionar el reparto de la riqueza, defiendan una acumulación privada infinita.

5.- ¿Funciona la economía?

La economía mundial va rumbo al colapso. Las crisis cíclicas se suceden, la pobreza se ha hecho crónica, asquerosos negocios, como el de las armas, los transgénicos o los mercados de materias primas conquistan protagonismo, las grandes corporaciones transnacionales marcan la agenda bélica, los paraísos fiscales y la corrupción campan por sus respetos… y todo esto ¿es inevitable? No. Todo ello es consecuencia de tolerar una escalada ilimitada de la desigualdad.

La economía funcionaría bien si se limitara la riqueza privada, pero sin esa restricción el capitalismo falla. Fomentar la ley del más fuerte, en este caso la del que más tiene, tiene consecuencias sociales catastróficas.

En la actualidad la economía funciona mal porque los economistas del poder han situado la ambición individual por encima de los intereses de la colectividad. Es imprescindible derogar la regla del juego económico que permite una acumulación material ilimitada.

LA DESIGUALDAD

1.- ¿Los que más tienen, son los mejores o los más listos?

No. Los que más tienen son sólo eso: los que más tienen. Su fortuna puede haber sido heredada, la mayoría de las veces, o conseguida con gran esfuerzo personal, pero eso no indica nada positivo desde el punto de vista humano. En todo caso, pretender tener demasiado en el actual estado del mundo indica más bajeza que grandeza. De hecho, sólo un necio dedicaría su vida a tener más que nadie, lo cual no quiere decir que todos los que tienen mucho sean malas personas. Ser mejor o peor no depende de lo que se tenga o se gane.

Si es legal poseer hasta el infinito, habrá gente que tenga demasiado y que someta a los demás. Si no es bueno para la economía que unos pocos tengan demasiado parece lógico cambiar las leyes para que eso no ocurra. Mientras tanto, los más ricos son sólo eso, los más ricos, a priori nada mejor ni peor.

2.- ¿Los que más tienen son los más poderosos?

A la vista está. Siendo rico se pueden financiar incontables actividades, ya sean legales o ilegales.

El capitalismo fomenta la concentración de poder económico y por tanto la supremacía del poder económico sobre el político. En democracia, el poder político debiera estar por encima del económico, pero eso ya no ocurre. Ni siquiera donde no hay democracia, como en China, porque el capitalismo es el sistema económico mundial.

En un sistema que fomenta las desigualdades extremas el poder económico termina por someter a cualquier otro poder.

3.- ¿Es beneficiosa la desigualdad?

Fabricar en serie abarata los costes de producción. Y para fabricar en serie se necesitan máquinas, tecnología, y por tanto cierta concentración de capital. Si se estableciese un límite al capital el proceso productivo sería probablemente más humano (o menos inhumano) pero se perdería productividad. Por tanto, es al menos discutible que el capital de las empresas deba ser igualitario o convergente. Si los beneficios de la mayor productividad se transfieren a la colectividad y si se garantiza que el capital está lo suficientemente repartido para que nadie pueda imponer al mercado su propia ley (si las sociedades anónimas lo fuesen de verdad) no hay nada que objetar a una concentración de capital desigual.

Por el contrario, la desigualdad en la distribución de la riqueza patrimonial es injustificable se mire como se mire. Desde la ética significa que una minoría se apropia del fruto del trabajo de todos y que la opulencia de algunos convive con la miseria de muchos. Al margen de la moral, la desigualdad de la riqueza es indeseable para un buen funcionamiento de la economía. No proporciona utilidad ni ventaja alguna. Es fuente de desequilibrios, tensiones, injusticia y violencia.

La desigualdad patrimonial es dañina. Si continúa su escalada global el sistema terminará por colapsar.

4.- ¿Es que hay poco para repartir o es que acaso somos demasiados?

La productividad capitalista proporciona ya hoy suficiente riqueza colectiva para que todos los habitantes de la Tierra puedan vivir muy desahogadamente, sin carencia material alguna. No tenemos un problema de escasez. El sistema económico genera riqueza más que de sobra. El problema es el reparto de la riqueza: se reparte rematadamente mal y aceleradamente a peor.

Si ya hay recursos para todos no parece que sobre nadie. Además, el crecimiento demográfico se supera con el desarrollo económico. Cuando a la gente le va bien la población se frena automáticamente. Es más humano y razonable solucionar el reparto de la riqueza antes que emprender campañas de esterilización masiva de pobres. Si la economía solucionara el reparto de la riqueza que se genera entre todos no existiría problema demográfico alguno.

CAPITALISMO Y COMUNISMO

1.- ¿En qué se diferencia el comunismo del capitalismo?

En el comunismo el estado decide lo que conviene producir y cómo hacerlo. La propiedad es común. Se dejan por tanto a un lado las aspiraciones personales como motor de la economía para confiar las decisiones a un gobierno dotado de una estructura burocrática piramidal, más o menos democrática. Los de arriba se suponen los más preparados para la dirigencia porque han ido ascendiendo desde las bases. Ellos deciden, ellos organizan, ellos mandan. El comunismo tiene puntos débiles: baja productividad, falta de libertades individuales, crecimiento lento y a menudo ineficaz.

En el capitalismo son los individuos los que ponen en marcha la economía. El capitalismo bien organizado es muy productivo, como se demostró antes en occidente y ahora en China. Enseguida unos pocos ganan muchísimo y otros muchos (casi todos cuando no hay crisis de por medio) progresan. Pero el capitalismo tiene un grave problema, que acrecienta la desigualdad. Si no se transfiere riqueza de los de arriba hacia los de abajo el capitalismo termina haciéndose inviable en el medio plazo. De ahí la importancia de garantizar ese flujo desde la abundancia hacia la escasez.

Hasta la llegada del neoliberalismo el capitalismo fue esquivando ese problema intrínseco de la desigualdad capitalista utilizando políticas impositivas que garantizasen un mejor reparto y evitasen los abusos. Pero tras la caída del muro de Berlín esa necesaria aportación de los de arriba hacia los de abajo para que el capitalismo no se derrumbe se acabó. El poder de los inmensamente ricos, justificado por una corriente de economistas individualistas radicales, se ha impuesto sobre el poder político y sobre toda la sociedad. Si el premio al individualismo son las riquezas, ¿por qué el individuo triunfador debería renunciar a su triunfo? La respuesta correcta es porque no hay más remedio. De otro modo la escalada de la desigualdad colapsa al capitalismo.

El caso chino es una variante postmoderna de capitalismo conservando una estructura burocrática piramidal heredada del comunismo. El neoliberalismo capitalista, modelo que viene aplicando China, también Europa y en menor medida EEUU, funciona mejor sin democracia, bajo una estructura de poder piramidal.

2.- ¿Hay que elegir entre capitalismo y comunismo?

Esa polémica ya no existe. El comunismo, como sistema económico, fracasó. El régimen chino, a la vanguardia de la economía mundial, se llama comunista, pero su economía no lo es en absoluto. China tiene un modelo capitalista de desigualdades crecientes, como el resto del mundo.

El modelo en el que unos pocos planifican y deciden por los demás ha sido superado porque no funciona. Ahora manda la libre iniciativa particular, lo que a priori es más democrático y conveniente. Capitalismo es lo que hay. El problema es que el capitalismo promueve una desigualdad creciente y eso debe ser corregido. Sí o sí.

INDIVIDUALISMO Y COLECTIVISMO

1.- ¿Es mejor que la economía sea individualista o colectivista?

El fin que persigue la economía debe ser colectivista. Aunque algunos economistas modernos pretenden una sociedad de desigualdades crecientes, esto es indeseable para la mayoría y peligroso para todos. Las ambiciones personales no deben primar sobre los intereses colectivos. De otra forma nos esclavizaríamos unos a otros y acabaríamos con todos los recursos del planeta.

El fin de la economía debe ser colectivista, pero ¿los principios? Aunque sobre esto hubo mucha discusión en los siglos XIX y XX, la práctica ha venido a demostrar que es mejor que los principios de la economía sean individualistas. La economía tiende a ser enormemente productiva cuando los intereses individuales se ponen en marcha, pero hay que vigilar para que los intereses individuales no se impongan sobre unos fines que deben ser colectivos. De otra forma el éxito inicial se convertirá en sonado fracaso.

Cuando se pretende que los fines colectivos se sometan a los principios individualistas tenemos un grave problema, como ahora sucede en el mundo. Que los intereses individualistas sean el motor de un capitalismo que funciona de manera más productiva no significa que la acumulación individual sea buena para la sociedad, sino todo lo contrario. Para que el capitalismo funcione correctamente es necesario poner límite a la acumulación privada de poder económico.

No es necesario socavar los cimientos del sistema individualista, sino potenciarlo. Más y más personas debieran sacar provecho de la productividad capitalista derivada de los intereses individualistas y de la libre competencia. Para ello hay que garantizar el libre mercado, lo que no es posible cuando se permite acumular hasta el infinito. La concentración de poder económico termina sometiendo el mercado a intereses minoritarios.

Principios individualistas para conseguir fines colectivos. Así es como la economía funciona bien. Los economistas suelen militar en dos bandos, los individualistas y los colectivistas. El error más habitual de ambos es querer aplicar el individualismo o el colectivismo tanto a los principios de la economía como a sus fines. Pero ni los principios organizativos deben ser colectivos, para no padecer una sociedad burocrática piramidal de baja productividad en la que sólo unos cuantos deciden, ni los fines deben ser individualistas, pues como consecuencia de la escalada de la desigualdad nos condenaríamos a una sociedad de siervos y esclavos finalmente inviable.

EL FUTURO QUE VIENE

1.- ¿Qué futuro económico podemos vislumbrar?

Si las cosas siguen como están, unos cuantos miles de familias terminarán por dominar el mundo imponiendo sus normas y su moralidad. Es previsible que aumente la pobreza, que arrecien las guerras, que los conflictos y la violencia sean habituales y que vivamos grandes masacres como consecuencia del empuje demográfico. Los grandes ricos terminarán peleando entre ellos y frente a todos los demás hasta la instauración de un nuevo orden mundial, previsiblemente dictatorial, entre enormes turbulencias.

2.- ¿No hay mejor alternativa que limitar la riqueza?

No parece que haya otra opción. El capitalismo es hoy imparable y el recurso a una planificación colectivista de la economía inaceptable. Con China estamos asistiendo al mayor éxito económico de la historia (otra cosa es su estrepitoso fracaso medioambiental y social). Pero ese éxito está generando una competición por la desigualdad a nivel global que terminará por hacer inviable el sistema. Para sobrevivir en el corto plazo hasta inventar un sistema económico mejor que el capitalismo, si existe, es imprescindible limitar la riqueza cuanto antes.

Luis Molina
nomasdeunmillon.org

 

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