¿Solucionaría un límite a la riqueza todos los problemas de nuestro modelo económico?

Personalmente creo que, en la medida en que se confíe en una economía de mercado, también serían necesarios otros límites o condicionamientos económicos que evitaran el descontrol del rumbo conjunto propio de este sistema; sería necesario crear un modelo de sociedad que controlase el mercado a su favor en lugar de ser objeto de mercadeo, (quizá del modo propuesto por la llamada Economía del Bien Común). Enumero a continuación algunos cambios que a mí modesto entender deberían ser prioritarios más allá de establecer un límite a la riqueza:

  • Exigir el fin de la competencia en la regulación fiscal, laboral y ambiental de cada ámbito legislativo del planeta, (lo que actualmente equivale a competir con las reglas de cada “tablero de juego”, algo muy distinto de la competencia entre empresas dentro del “juego”, dentro del mismo mercado), para pasar a una igualdad completa en esas normativas en todo ámbito internacional de libre comercio o en los sectores en los que se dé este.
  • Renovar la lógica financiera: dotarnos de una banca pública transaparente y que incorporara criterios éticos democráticamente elegidos; vincular la rentabilidad de las inversiones y de los préstamos a su resultado efectivo en lugar preestablecer unos intereses fijos, avales abusivos y otras formas de elusión del riesgo inversor que favorecen la especulación y el endeudamiento irracional; establecer algún gravamen para los movimientos de capitales, como la Tasa a las Transacciones Financieras o como ocurre con las monedas locales. Si tuviéramos transparencia y control legal sobre esos movimientos, sin banca en la sombra, y si tuviéramos igualdad en el trato fiscal en todo ámbito de libre circulación de capitales, es decir, si esos flujos sirvieran al bien común, no habría problema en que se produjeran libremente.
  • Limitar el tamaño o la cuota de mercado de las empresas de un modo mucho más intenso que el llevado a cabo por las ineficaces leyes antimonopolio actuales, para evitar entre otras cosas las paradojas que muestra el documental La Corporación. No hay más que ver el oligopolio caciquil de las multinacionales de la energía que logran de los gobiernos lo que se les antoja, como acabar con el autoconsumo de energía renovable en España, donde el sol ya no es gratis, o imponer globalmente una mayor depredación de la naturaleza para renovar el negocio de los recursos fósiles en detrimento de los renovables.
  • Acabar con la represión económica que supone la pobreza y la exclusión social, una represión que actúa como chantaje para el productivismo y que, además de suponer un gran sufrimiento injustificado, impide refrenar la maquinaria económica donde es insostenible con la disculpa de ofrecer algún empleo. Los derechos económicos recogidos en los artículos 22 a 26 de la DUDH deben ser garantizados colectivamente en forma de salario social, (Renta Básica, servicios públicos), y de acceso a bienes comunes.
  • Impedir cualquier forma de producción insostenible o que suponga una huella ecológica que no se compense, forzando en cambio la prioridad de que toda producción se encuadre en alguna forma de economía circular.
  • Dejar de situar el crecimiento económico como centro de la sociedad y como condición previa a la suficiencia económica de todos. El nuevo paradigma ha de ser la adaptación económica, una continua redistribución adaptativa, mediante la cual controlemos, compartamos y distribuyamos mejor la riqueza generada, el tiempo libre, el conocimiento, el tiempo de trabajo productivo y reproductivo, (el cuidado de la vida y de los elementos de los que depende su equilibrio), y los flujos de materiales y de energía de los que depende todo lo demás.

Pero estos otros controles no podrán llegar a ser efectivos y se quedarán en meras expectativas deseables si dejamos abierta la válvula por la que se escapa su posibilidad, si nos aferramos a la prioridad del enriquecimiento ilimitado como piedra de toque de la sociedad y de toda vida, como motor fáctico de nuestro día a día y de nuestras decisiones. Sólo partiendo de un cierre de esa fuga de nuestros recursos podremos encarar la posibilidad de un futuro más esperanzado:

  • Encaminar la humanidad hacia un horizonte basado en la economía del don, los bienes comunes, el conocimiento libre, el tiempo propio y la voluntariedad; un horizonte en el que los objetivos de la sociedad sean los realmente deseados en la agregación de conciencias libres, y no los que “no nos dejan más remedio” que perseguir.

Javier Ibarra
nomasdeunmillon.org


De la serie: La clave que obstruye las demás soluciones

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