La clave que obstruye las demás soluciones – (Texto completo)

He tratado de resumir mis motivos para apoyar esta propuesta a partir de una serie de cuestiones que pueden surgir al planteársela.

¿Por qué no es conveniente para la sociedad la acumulación de riqueza privada sin límite?

El propósito de acumular riqueza de forma ilimitada sería una mera opción personal si no fuera porque el afán de enriquecimiento y la posibilidad de hacerlo sin límites legales está desequilibrando la sociedad, la economía y el medio natural en el que se asienta nuestra vida llevándonos a un futuro colectivo deteriorado y sometiéndonos a las patologías sociales propias de la desigualdad. Sin necesidad de entrar en los desastres propios del modelo económico que rige el mundo actual y que a diario reseñan las noticias, merece la pena destacar tres importantes males esenciales de la gran riqueza privada:

  1. La desvinculación de todo compromiso con el resto de la sociedad y con el bien común propia de quien ha ganado mucho y se permite creer que podrá eludir privadamente los desastres colectivos.
  2. El exceso de poder político que confiere la concentración de la riqueza en pocas manos y que anula la democracia en la elección de los objetivos económicos. (Partidos endeudados y condicionados por los capitales que les financian, “puertas giratorias”, una capacidad para intentar corromper que no tenemos los demás, la propaganda bien financiada y la promoción académica de sus posiciones, el control de la propiedad de los medios de comunicación, y sobre todo, la posibilidad de presionar a los diferentes estados, como se hace con los proveedores, para que modifiquen sus leyes. Más información sobre todo esto aquí: Concentración de la riqueza y exceso de poder político)
  3. La enajenación de los recursos que necesitamos para dotarnos de una suficiencia compartida y para transformar los procesos productivos hacia una economía realmente  sostenible ambiental y socialmente. Al hecho de que la sociedad no pueda disponer democráticamente de esos capitales se une su habitual condición de dinero ahorrado en forma de crédito que exige intereses, o en forma de inversión especulativa distorsionando los precios para obtener de la sociedad plusvalías irracionales sin aportación de valor real.

¿Cómo podríamos combatir los males propios de la concentración de la riqueza?

Dado que estos males son consustanciales a la acumulación ilimitada y a la desigualdad extrema será necesario combatir la propia posibilidad de que exista ese enriquecimiento exagerado y pernicioso. El límite a la riqueza tendrá que ser legal y vinculante para alcanzar una dimensión económica que lo haga significativo y realmente transformador en la práctica. Pero para llegar a ese punto de un modo legítimo, democrático y perdurable, el paso previo inexcusable es un cambio en la forma de pensar de la mayoría de la población, porque es ahí donde reside el corazón del problema. Sin esta concienciación previa que proporcione un apoyo masivo no será posible. El compromiso personal con un límite al patrimonio y la difusión de esta posibilidad favorecerían el autocuestionamiento necesario para un cambio de valores.

Más allá del apoyo a una idea necesitamos cuestionar nuestro propio marco cognitivo, esa preconsciente ideología del enriquecimiento individualista que nos han inculcado los medios de propaganda del neoliberalismo, (casi todos los medios de masas). Es necesaria una nueva referencia de valor social que sirva para combatir la legitimación social de la desigualdad y del enriquecimiento sin límite. Se trata de intentar que la mayoría comprendamos el error básico de nuestro modelo económico para renunciar a la posibilidad de triunfar sin fin en una guerra en la que, como conjunto, sólo podemos perder.

¿Podríamos avanzar en la práctica hacia una limitación de la riqueza individual?

Hace dos años, el economista Luis Molina, (autor de otras entradas en este mismo blog), escribió un hermoso libro titulado Una sencilla solución para un inmenso problema. [Disponible en pdf]. En él proponía una colaboración social entre las personas dispuestas a compromoterse públicamente con una limitación de su propia aspiración económica. A medida que fuera creciendo el número de los que optaran por condicionar su consumo u otras elecciones económicas, políticas y sociales al círculo de los comprometidos con la limitación de los patrimonios, quienes no lo hicieran irían viendo como sus propuestas quedarían relegadas. Finalmente, cuando se hubiera alcanzado una mayoría social comprometida con la limitación de los patrimonios, esta limitación podría establecerse legalmente de forma democrática y pacífica, de manera que fuera vinculante para todos.

En la red social independiente n-1 hemos creado el grupo Autolimitación del patrimionio con la finalidad de promover la creación de un registro público y voluntario que permita llevar a la práctica esta idea. Cualquier persona puede acceder al mismo para seguir la evolución de este proyecto, mostrar su apoyo, aportar sus reflexiones o colaborar en su desarrollo.

¿Cómo nos afectaría personalmente una limitación de los patrimonios?

Dado que en un sistema desigual por definición muy pocos pueden llegar a ser ricos, este límite no supondría ningún sacrificio real para el 99% de la población. Supondría sólo el sacrificio de un futurible, el abandono de una improbable posibilidad de gran enriquecimiento. El problema es que con la aceptación de esa posibilidad de riqueza individual se está legitimando la desigualdad extrema y con ella el deterioro del verdadero futuro común que, este sí, no dejará de afectarnos. El apoyo a esta auto-limitación colectiva lleva a cuestionarse esa pretensión, esa ambición decadente y embrutecedora.

Si el límite se aprobara, los efectos materiales para el 99% serían beneficiosos por la redistribución de esa riqueza y por el estímulo económico que supondría la misma, sin dejar en la exclusión al restante 1% que seguiría disfrutando de una gran riqueza. Es decir, si tomamos conciencia de los efectos de la propuesta, comprenderemos que no es ni un acto simbólico -pues la limitación afectaría a las posibilidades individuales de todos- ni un sacrificio, porque el resultado será beneficioso para conjunto del que formamos parte.

¿El apoyo a esta propuesta implica la adhesión a algún tipo de ideología, partido o movimiento social precedente?

Como propuesta concreta que es no implica ninguna otra adhesión, y es la propuesta misma la que nos ha llevado a colaborar a las personas que hasta ahora la estamos provoviendo aquí. Desde el principio hemos planteado la posibilidad y el deseo de que cada cual aporte sus propios motivos para apoyarla o sus propios matices. Y de hecho, en este blog estamos manifestando nuestro apoyo a una limitación a la riqueza mediante argumentaciones personales diferentes.

Quizá todos debamos asumir que hay tantas ideologías como personas reflexionando, lo cual no ha de impedirnos confluir en propuestas concretas. Sin duda esta encajaría en numerosos idearios que aspiran a poner coto al despropósito neoliberal. La limitación de la riqueza individual es un buen ejemplo de propuesta concreta que puede apoyarse desde distintos orígenes ideológicos o concepciones sobre cómo debería ser nuestro modelo económico. Se trata de una propuesta horizontal, incluyente y plural. Para hacer posible ese apoyo transversal bastan dos premisas:

1- Que todo el mundo pueda explicar sus motivos y sus matizaciones para apoyar esta propuesta, expresándose de forma diferenciada, en lugar de actuar como un partido político que defiende un programa completo al unísono.
2- Que seamos capaces de aceptar la compañía en la acción con quienes piensan de modo distinto a uno.

Algunos ejemplos.

Esta propuesta podría ser apoyada por quien crea que el mercado libre, incluso uno más desregulado que el actual, es la mejor forma de organizar la economía, pero entendiendo que es necesario poner un límite a la acumulación precisamente para que el surgimiento de oligarquías y oligopolios no impidan el dinamismo de la competencia y de la ‘destrucción creativa’ mediante la manipulación de la política y de los mercados.

También podría ser apoyada por quienes creen que la economía debe estar gestionada exclusivamente desde la planificación estatal pero aceptarían este límite como barrera de contención hacia una deriva más neoliberal.

Y también puede ser apoyada por quienes creemos que el futuro modelo económico debería estar centrado en la gestión de bienes comunes, (sin excluir la necesidad de instituciones públicas ni la posibilidad del mercado bajo determinadas condiciones), pero que entendemos que la actual concentración creciente y competitiva de la riqueza actúa precisamente contra los bienes comunes que la misma necesita depredear.

Además de las posiciones intermedias, supongo que puede haber muchos más motivos políticos, éticos o de otro tipo que podrían ver con buenos ojos esta propuesta.

¿Solucionaría un límite a la riqueza todos los problemas de nuestro modelo económico?

Personalmente creo que, en la medida en que se confíe en una economía de mercado, también serían necesarios otros límites o condicionamientos económicos que evitaran el descontrol del rumbo conjunto propio de este sistema; sería necesario crear un modelo de sociedad que controlase el mercado a su favor en lugar de ser objeto de mercadeo, (quizá del modo propuesto por la llamada Economía del Bien Común). Enumero a continuación algunos cambios que a mí modesto entender deberían ser prioritarios más allá de establecer un límite a la riqueza:

  • Exigir el fin de la competencia en la regulación fiscal, laboral y ambiental de cada ámbito legislativo del planeta, (lo que actualmente equivale a competir con las reglas de cada “tablero de juego”, algo muy distinto de la competencia entre empresas dentro del “juego”, dentro del mismo mercado), para pasar a una igualdad completa en esas normativas en todo ámbito internacional de libre comercio o en los sectores en los que se dé este.

  • Renovar la lógica financiera: dotarnos de una banca pública transaparente y que incorporara criterios éticos democráticamente elegidos; vincular la rentabilidad de las inversiones y de los préstamos a su resultado efectivo en lugar preestablecer unos intereses fijos, avales abusivos y otras formas de elusión del riesgo inversor que favorecen la especulación y el endeudamiento irracional; establecer algún gravamen para los movimientos de capitales, como la Tasa a las Transacciones Financieras o como ocurre con las monedas locales. Si tuviéramos transparencia y control legal sobre esos movimientos, sin banca en la sombra, y si tuviéramos igualdad en el trato fiscal en todo ámbito de libre circulación de capitales, es decir, si esos flujos sirvieran al bien común, no habría problema en que se produjeran libremente.

  • Limitar el tamaño o la cuota de mercado de las empresas de un modo mucho más intenso que el llevado a cabo por las ineficaces leyes antimonopolio actuales, para evitar entre otras cosas las paradojas que muestra el documental La Corporación. No hay más que ver el oligopolio caciquil de las multinacionales de la energía que logran de los gobiernos lo que se les antoja, como acabar con el autoconsumo de energía renovable en España, donde el sol ya no es gratis, o imponer globalmente una mayor depredación de la naturaleza para renovar el negocio de los recursos fósiles en detrimento de los renovables.

  • Acabar con la represión económica que supone la pobreza y la exclusión social, una represión que actúa como chantaje para el productivismo y que, además de suponer un gran sufrimiento injustificado, impide refrenar la maquinaria económica donde es insostenible con la disculpa de ofrecer algún empleo. Los derechos económicos recogidos en los artículos 22 a 26 de la DUDH deben ser garantizados colectivamente en forma de salario social, (Renta Básica, servicios públicos), y de acceso a bienes comunes.

  • Impedir cualquier forma de producción insostenible o que suponga una huella ecológica que no se compense, forzando en cambio la prioridad de que toda producción se encuadre en alguna forma de economía circular.

  • Dejar de situar el crecimiento económico como centro de la sociedad y como condición previa a la suficiencia económica de todos. El nuevo paradigma ha de ser la adaptación económica, una continua redistribución adaptativa, mediante la cual controlemos, compartamos y distribuyamos mejor la riqueza generada, el tiempo libre, el conocimiento, el tiempo de trabajo productivo y reproductivo, (el cuidado de la vida y de los elementos de los que depende su equilibrio), y los flujos de materiales y de energía de los que depende todo lo demás.

Pero estos otros controles no podrán llegar a ser efectivos y se quedarán en meras expectativas deseables si dejamos abierta la válvula por la que se escapa su posibilidad, si nos aferramos a la prioridad del enriquecimiento ilimitado como piedra de toque de la sociedad y de toda vida, como motor fáctico de nuestro día a día y de nuestras decisiones. Sólo partiendo de un cierre de esa fuga de nuestros recursos podremos encarar la posibilidad de un futuro más esperanzado:

  • Encaminar la humanidad hacia un horizonte basado en la economía del don, los bienes comunes, el conocimiento libre, el tiempo propio y la voluntariedad; un horizonte en el que los objetivos de la sociedad sean los realmente deseados en la agregación de conciencias libres, y no los que “no nos dejan más remedio” que perseguir.

Javier Ibarra
nomasdeunmillon.org

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