La igualdad de oportunidades exige recursos

La igualdad de oportunidades no se produce por generación espontánea. En una sociedad igualitaria habrá que defenderla  constantemente de quienes quieran adquirir demasiada influencia o poder. Bajo el capitalismo sólo será posible si el estado, o algún agente regulador, compensan decididamente a los económicamente más débiles. Y bajo el modelo ideológico neoliberal la igualdad de oportunidades es sencillamente un despropósito.

No se puede dar por supuesta la igualdad de oportunidades. En el mundo real los de muy arriba difícilmente acaban muy abajo, por mal que administren lo suyo. Las grandes familias de toda la vida han logrado superar cambios de régimen político y hasta de sistema económico durante siglos. Y en sentido inverso, tampoco parece que la mayoría de los de abajo estén ahí porque se lo tengan merecido sino por el azar de su nacimiento. Por eso, cuando grandes capas de la población carecen de recursos para pagarse la sanidad o la educación, pretender que sean privadas es, además de una cruel injusticia, un auténtico disparate desde la lógica de la igualdad de oportunidades, la piedra angular de quienes defienden esas políticas.

Es cierto que el actual proceso global de succión de la riqueza colectiva hacia la cúspide de la pirámide de la desigualdad alumbra nuevos grandes ricos que vienen de abajo, esos héroes de nuestro tiempo que tanto gusta destacar al club mediático neoliberal. Florecen allá donde hay mayor crecimiento económico (en China, por ejemplo) pero sobre todo donde más crece la desigualdad, como en España durante estos largos años de recesión y recortes.

En realidad no tiene demasiada importancia si los ricos en lo alto de la pirámide permanecen, se reciclan o se turnan. Lo importante es saber que si la desigualdad sigue creciendo el problema común seguirá creciendo, pues los que están en la cúspide de la riqueza no son los mejores en ninguna otra cosa que no sea acumular riquezas, y porque una progresiva concentración de poder en pocas manos conduce a crecientes y graves conflictos.

De la serie:
Limitar los patrimonios para corregir la desigualdad

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