…ni práctico.

Cuando ven agotados los argumentos éticos, lógicos o filosóficos para defender la creciente desigualdad los neoliberales suelen ondear su argumento pragmático. “Es un mal menor que evita que se derrumbe el sistema capitalista y nos lleve a todos por delante”, “es gracias a la desigualdad capitalista que los pueblos salen de la pobreza y siguen progresando”, dicen. Pero estos argumentos tampoco cuadran demasiado. Por un lado porque si el motor de la economía es la ambición infinita de una minoría la evolución del sistema no augura nada bueno. Acabará en una guerra entre los más poderosos que arrasará con todo y con todos, estemos o no en esa demencial competición primordial. Por otro lado, el argumento tampoco concuerda con lo que se enseña (o se debiera enseñar) en las escuelas de economía, que una concentración excesiva de poder económico es nociva y peligrosa para el libre mercado. Y por último, es un argumento falso. La desigualdad en la distribución de la riqueza no es necesaria para poner el capitalismo a funcionar. Lo es la libre iniciativa, el trabajo asalariado, el marco regulatorio o la acumulación de capital pero no la acumulación desigual de patrimonio.

No hay nada que justifique que la acumulación de patrimonio sea necesaria o positiva para el funcionamiento del sistema económico capitalista. Otra cosa es el capital, que debe concentrarse para aprovechar las economías de escala y empujar la productividad, o tal vez las rentas o los flujos financieros para sostener esa concentración del capital, pero la economía capitalista no necesita la concentración de los patrimonios individuales para funcionar mejor. Todo lo contrario.

Una cadena de montaje puede necesitar mucho capital pero, por grande que sea, para nada necesita que la propiedad de ese capital esté concentrada en pocas manos o que ese capital esté controlado por pocas personas. Al revés, demasiado poder individual sobre el capital de las grandes empresas conduce a indeseables situaciones de dominio de los mercados.

Según la teoría económica es preferible que el propietario de una gran empresa sea una sociedad anónima que un individuo, no porque sean mejores los negocios de incógnito sino porque estando el capital más repartido las decisiones suelen ser mejores para la sociedad, menos individualistas, menos contrarias a la competencia (aunque veremos después que en realidad las grandes sociedades anónimas tienen hoy nombres y apellidos).

Los neoliberales niegan que haya que limitar la riqueza individual porque confunden, a menudo intencionadamente, la acumulación necesaria para que el sistema capitalista sea productivo.

De la serie:
Limitar los patrimonios para corregir la desigualdad

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