…y una indecente opacidad.

La concentración de poder económico indeseable proviene, en última instancia, de los patrimonios, no de las rentas o el capital. Por eso es tan importante exigir transparencia sobre la distribución de los patrimonios, el auténtico poder económico, el de siempre. Cualquiera tiene derecho a pasearse en un yate de lujo, pero los demás debemos tenerlo a saber de dónde salió el dinero para esa compra. Ocultar las posesiones apelando al derecho a la intimidad es inadmisible.

No saber lo que esconden los paraísos fiscales es jugar con fuego. Los negocios más infames y las injusticias más aberrantes germinan y prosperan bajo el secreto bancario.

Mientras siga siendo un secreto el origen y el destino de la riqueza que acumulan los grandes ricos que dominan la economía global el sistema continuará como un pollo descabezado hacia el precipicio.

De la serie:
Limitar los patrimonios para corregir la desigualdad

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