La concentración de la riqueza en el origen de la pobreza

Frantisek Kupka - Dinero

Frantisek Kupka – Dinero

A menudo se debate si hemos de luchar contra la desigualdad o sólo contra la pobreza. Los privilegiados de la sociedad abogan por desterrar el debate sobre la desigualdad para quedarnos en una insuficiente caridad. Sin embargo la realidad sugiere que más bien hay que avanzar hacia el otro sentido del dilema: no sólo observando la desigualdad en los ingresos sino también la desigualdad patrimonial. Por varias razones. En primer lugar, los datos históricos muestran que los grandes patrimonios tienden a aumentar la brecha de la desigualdad (en ausencia de cataclismos) al crecer las rentas del capital por encima de la economía de los países, (tal y como muestra Thomas Piketty en su reciente y muy documentado estudio El capital en el siglo XXI). Pero además, la concentración de la riqueza en pocas manos mantiene un “ascendente” sobre la política que desvirtúa la democracia. De ese modo la desigualdad patrimonial perpetúa la injusticia económica.

Propongo al lector que realice un sondeo informal entre sus conocidos. La pregunta sería la siguiente: ¿crees que las grandes fortunas tienen capacidad para influir sobre las decisiones políticas? Con más o menos matices, cualquier persona mínimamente informada admitirá esa influencia. La concentración de la riqueza en pocas manos pone en ellas mucho poder para influir de diversas maneras sobre el modo de redistribuir esa misma riqueza. La normativa que se va aprobando en los parlamentos de todo el mundo se ve habitualmente condicionada por quienes detentan el poder económico. Los mismos parlamentos se configuran en función de ese poder para financiar las carreras políticas o para determinar la capacidad económica (y propagandística) de los partidos. Y en el entorno competitivo en el que se han formado esos grandes capitales su influencia sobre la política sólo puede ir en un sentido: buscar facilidades para acrecentarse y prevalecer, (su objetivo fundacional). Los gobiernos se convierten así en proveedores de leyes y medidas favorables a esos capitales, siempre proclives a huir, poniendo a los ciudadanos en la situación de súbditos de esos nuevos soberanos. Y esto ocurre por la propia lógica del sistema, sin necesidad de pensar en avarientos malvados al mando.

Por tanto, si el poder económico de los que más tienen puede influir cotidianamente en la política, si puede influir en la toma de decisiones económicas como el grado de progresividad fiscal, o la cuantía y el sentido de las inversiones públicas, o la dimensión de las administraciones, (sanidad, educación, justicia, seguridad, dependencia), o el porcentaje de las transferencias sociales, (paro, pensiones, subsidios); si el interés en preservar de riesgos la riqueza acumulada en los bancos puede influir en que a familias enteras se las pueda dejar en la calle e impedir siquiera que un gobierno autonómico convierta el desahucio en alquiler social; si la riqueza puede influir en que no nos compense consumir nuestra propia energía solar -¿a quién más han preguntado para aprobar el decreto sobre energía en España aparte de a los dueños del oligopolio energético? ¿A quién preguntan algo sobre cualquier tema concreto?-; si la riqueza global que compite en los mercados puede determinar la regulación de nuestro mercado laboral; si puede influir en la aprobación de deducciones fiscales para las grandes empresas hasta dejar su tributación en porcentajes irrisorios; si la riqueza puede influir para que no se persiga el fraude fiscal; si la riqueza puede evadirse a paraísos fiscales para no devolver nada a la sociedad y consigue que los gobiernos no decidan evitarlo sino que, al revés, pujen a la baja en sus impuestos… en definitiva, si quienes más riqueza acumulan tienen tanto poder para influir sobre la redistribución de esa misma riqueza extraída de la sociedad…

…entonces la concentración de la riqueza es causa de la pobreza y de la exclusión social y es causa de la desigualdad que provoca daños sociales.

Y también es causa de la devastación ambiental que socava el futuro de todos: una insuficiente redistribución y la amenaza de exclusión social fuerzan a la población a apoyar cualquier clase de producción, aunque añada insostenibilidad, con tal de que genere algún salvífico empleo.

¿Podríamos evitarlo?

En el caso de los gobernantes, estos suelen ver limitada su permanencia en el poder allí donde hay elecciones o al menos tienen que revalidar nuestra aprobación. Pero esto no ocurre con esos otros individuos que adquieren un poder político desproporcionado por medio de su riqueza. Sería absurdo elegir a esos afortunados mediante votaciones y revocaciones del “cargo” de rico, pero eso no quiere decir que debamos permanecer resignados a esta situación y que no haya formas de evitarla. Hay que tener en cuenta que el problema sustancial no está en los propios enriquecidos tanto como en el sistema económico, en la normativa que tolera, favorece y premia la concentración de la riqueza. Independientemente de cómo sea cada afortunado, su capital siempre está en liza por la hegemonía: ninguno dejará para sus rivales la posibilidad de utilizar todos los resortes políticos y de presión comercial a los estados que estén en su mano para acrecentarse y sobreponerse a la competencia.

Por eso lo necesario (no es sacar guillotinas) es cambiar el sistema que determina este funcionamiento. Aunque no podamos limitar en el tiempo “el mandato” de privilegiado, si podemos limitar el poder económico que pueda detentar una sola persona. Y la primera y más obvia medida para ello es evitar precisamente la condición de posibilidad de esa concentración de la riqueza que por sí misma se vuelve rentista, chantajista, inhumana y desequilibradora, que no tiene razón de ser (si pensamos en el futuro común), es decir, limitar la posibilidad de la riqueza a una cantidad más que satisfactoria pero menos que políticamente poderosa, elegir un tope para la riqueza individual aceptable. De ese modo nadie adquiriría un poder tan desmesurado que pudiera poner a la ciudadanía al servicio de su mayor “gloria” económica particular, y el poder político del funcionamiento económico estaría mucho más distribuido. Necesitamos llevar la democracia a la economía.

Superado cierto grado de desigualdad, la riqueza se vuelve políticamente determinante. Eliminando ese exceso de desigualdad podríamos recuperar el control democrático de la economía para elegir entre todos sus modos de producción y los objetivos de su funcionamiento, que no se eligen técnicamente sino políticamente. Con ello sería posible dar prioridad a una suficiencia económica compartida y a la sostenibilidad ecológica (por ejemplo imponiendo la reinversión de beneficios en la adaptación a alguna forma de economía circular) sobre otros criterios como la maximización de la rentabilidad y del crecimiento económico medio. Una cosa es que tengamos mercado, rentabilidad y enriquecimiento individual, y otra que estos deban maximizarse pasando por encima de los derechos sociales y del futuro ambiental. Eliminando la posibilidad misma de este exceso el modelo de mercado perdería gran parte de su vertiente destructiva, sería factible una redistribución más equitativa, que como mínimo evitara el chantaje social de la pobreza, y serían posibles políticas más exigentes con el cuidado del medio ambiente.

Entonces ¿por qué se tolera esta abusiva concentración de la riqueza? En el grupo Autolimitación del patrimonio personal creemos que una de las cosas que la legitiman socialmente es la posibilidad de hacerse millonario y la esperanza de lograrlo que cada cual alberga. Sin esa posibilidad (por pequeña que sea), sin ese “sueño”, la sociedad no tendría motivo para aceptar esa desigualdad patrimonial rentista y contraria a la democracia. La renuncia voluntaria a ese señuelo puede funcionar como un compromiso personal con una menor desigualdad y como una forma de denuncia de la misma. A la vez serviría para poner en el horizonte de la sociedad el mencionado objetivo de una limitación efectiva de la riqueza individual.

Aunque las ambiciones económicas sean buenas sirvientes, son malas amas.

E. F. Schumacher

   ==RECOGIDA DE FIRMAS <==

El peso de la desigualdadJavier Ibarra
nomasdeunmillon.org

Lista de entradas en el blog

.

Anuncios

5 pensamientos en “La concentración de la riqueza en el origen de la pobreza

  1. Evidentemente, el poder de la riqueza ha de influír en la política de un país, puesto que un país está compuesto por ciudadanos interesados en el dinero. Lo que quizás hace confundir aquí es que si hay una aspiración más interesante para los ciudadanos que el dinero, es no necesitarlo. Pero no en el sentido altruista, sino en un sentido que sobrepasa, si cabe, la pereza de tener que utilizar un medio para conseguir sus deseos. Porque a lo que en realidad cree aspirar todo aquél que lucha contra el dinero, es a no tener que levantarse de la cama o del sofá para conseguirlo.

    Por cada ciudadano que esté dispuesto a trabajar para los demás sin recibir dinero a cambio, habrán cien que lo animen y le aplaudan porque estarán dispuestos a que les paguen por no trabajar.

  2. Pingback: LA POBREZA Y LA MENDICIDAD: CUÁL ES LA SOLUCIÓN. PRIMERA PARTE. | abcnestor

  3. Pingback: Índice de entradas | No más de un millón

  4. Gracias por el comentario.
    En realidad en la historia se han dado cambios bruscos que hacen palidecer a este que pedimos. Basta con que un número suficiente de personas comprenda que la situación actual en realidad no está nada “bien pensada” (si atendemos al futuro común) y que sólo puede llevarnos a una acumulación de deuda irracional, ilegítima e interminable de la que sólo salen triunfantes los rentistas que menos necesidades tienen, a costa del sacrificio de los más explotados. Lo que nosotros pedimos es establecer una norma que introduzca estabilidad en el sistema para no llegar a esa situación, hacer algo razonable por vías pacíficas y democráticas. En cualquier caso, la abolición de la esclavitud, el voto democrático, el voto femenino o la fiscalidad progresiva también tardaron mucho tiempo en llegar desde que se plantearon por primera vez. Pero si no se hubieran planteado, no habrían llegado nunca.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s